Discurso de inauguración de la II promoción del 4C Centro de Creadores Contemporáneos de Cuenca

Discurso de inauguración de la II promoción del 4C Centro de Creadores Contemporáneos de Cuenca.
Viernes 24 de abril de 2026.
Autora: Reyes Rodríguez Pueyo.
Venimos quienes habitamos hoy esta casa, de territorios distintos —geográficos y de la imaginación— y, sin embargo, hubimos de nacer a uno común: un lugar de gentes que cargan y festejan esta lengua enroscada, suave y susurrante que nos es propia y que nos une, que también hoy nos encuentra.
Posiblemente coincidimos hoy aquí —que, en palabras de la poeta García Faet, «coincidir es un milagro»— porque un día fijamos la mirada y vimos más. Silenciosamente, sospechamos que debía haber algo más y, aunque las directrices del camino se presentaban impermeables, decidimos quedarnos del lado de la sensibilidad, que no sé… podría decirse que es del lado de la vida, constatando que hay corazonadas que son un prado en llamas que no puede ser apagado. En algún instante intuimos que las cosas no son así, y punto. Que el mundo no era exactamente lo que parecía ser, lo que ya sabíamos; era, tal vez, lo que creábamos al mirarlo. Y decidimos entonces mirarlo, y volver a hacerlo, y otra vez, y quizás no cesar nunca.
Acaso sea esto la creación: la insistencia por volver a mirar el mundo, por suspenderse delante, por deleitarse, por escuchar. Y querer contarlo como forma de devolver algo. Y también, por qué no, por asumir el atrevimiento: dejarnos tocar, cambiar, ser humildes, aún no saber. Crear, sentimos, es estampar una mirada nueva a las mismas cosas de siempre, sin necesidad de hacer algo aparentemente extraordinario, mostrando que lo ordinario es ya, en sí mismo, extraordinario.
Se ha dicho que el arte sirve para muchas cosas muy distintas y tampoco nosotros nos ponemos de acuerdo, aunque, si algo, su capacidad de congregación es indubitable. En un tiempo de cimbreante individualismo, no merece esto poca fiesta. Aquello que decía Maruja Torres: «la vida, si no es congregación, si no es gente, no vale la pena».
El trabajo de la creación es, a menudo, solitario, mas esta residencia nos permite romper este aislamiento para que a nuestros trabajos les crezcan frutos nuevos, se hagan más fecundos, mimando simultáneamente el recogimiento imprescindible conducente al misterio del decir. Cuánto silencio, qué silencio alberga este lugar: un poquito de oro en nuestro tiempo. Es este el doble obsequio, exquisitamente equilibrado, que entrega esta casa: solitud y colectividad. Recordando las letras de la escritora británica, el sostén de esta residencia va más allá de una habitación propia (y esto es ya enorme): nos garantiza un cuidado material, fisiológico, técnico, humano y afectivo, afectuoso. Mesas colmadas de materiales, pensamientos, conversaciones, alimentos de toda clase, tiempo y espacio, posibilidad.
Creemos, además, que crear es el ritual más luminoso que ha engendrado la civilización para pensarse y saberse; para devenir porosa, para reflexionar o meditar —que es decir crecer, que es decir tornarse más amable, ojalá más bondadosa—. Estar aquí nos tiene los cuerpos repiqueteando de una ilusión limpia y fresca y, por esto solo, albergamos agradecimiento. Tomamos y amparamos, a la vez y de forma honesta, la responsabilidad que se deriva de esta concesión, honrando el compromiso de dedicarnos artesanal y apasionadamente a contar lo que sentimos contar, no en solitario, sino de la mano de vivos y no, presentes y no, también de las vuestras. Pues esta casa es una casa grande, mucho más grande que nosotros, lo que la hace aún más singular y misteriosamente vinculante.
Quienes estáis aquí ya lo sabéis, pero no querríamos dejar de decir que vivir de la creación es casi una ensoñación y muchos de nosotros, si no la mayoría, no aspiramos ni siquiera a hacerlo o lo hacemos furtivamente. Hasta llegar hasta aquí, hemos tenido que hurtarle horas a los días para dedicarnos a nuestras labores artísticas cuando nadie miraba, bamboleándonos entre el tiempo del cuidado, del descanso y del trabajo (el remunerado, el seguro, el serio, el de verdad). Estar aquí dignifica lo que hacemos y nos acerca a su profesionalización, al concedernos la facultad de poner en el centro nuestra labor artística y que la prioridad pueda, por fin, ser esta.
Aun siendo ganarse la vida del arte un desmedido desafío, no sé si lo es aún más creer que tienes algo que contar, creer en la voz propia. Que confiarais en nuestros proyectos-bebés, que son también nuestras voces, significa tendernos el respaldo que precisan y, a la vez, la significativa dádiva —que no damos por hecho— de la fuerza y la esperanza.
Entendemos el arte como un asidero de reflexión, es decir, un ejercicio de flexionarnos, de hacernos flexibles. Crear es hablar con el mundo y del mundo y, sin creadores, no podríamos ya no imaginar otras formas de estar en él, generar ideas nuevas que aún no existen, reinventarlas para imaginar una forma otra de estar aquí o redescubrir las ya existentes, asombrarnos de lo dado como goce (que es, a su vez, y constantemente, desconocido), sino que de nuestro tiempo no quedaría nada. Las voces de los creadores, sea cual sea su oficio, son tal vez lo que queda de las gentes tras el tiempo: una suerte de archivo-reflejo, la impronta de la humanidad, su estela. Porque crear no es solo expresión del yo: es canto del nosotros. Lo reverenciamos como ofrenda, como un servicio incluso, siembra de advenimiento. También por todo eso, esto importa.
Hoy inauguramos, en este lugar que ya empieza a sentirse hogar —hogar-taller, hogar-biblioteca, hogar-salón, hogar-amor—, un gesto que encierra un profuso coraje: el de los comienzos. Lo hacemos escuchando las voces de esta familia y deseando unirnos a ella, hablar con todos vosotros, deseando más, mucho más, mirar más allá. Convencidos de que hoy llegamos, pero quedaremos aquí y marcharemos, como ya anunciaron, con un sello puesto en el corazón.
Por acompañarnos, por la oportunidad y por la complicidad, a todos y a todas nos gustaría dar las gracias, sabiendo que «gracias» no le hace justicia al privilegio que es que nos haya tocado estar aquí. Lo sabemos: estamos maravillados. De nuevo, gracias.



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